lunes, 15 de marzo de 2010

Welcome to Hollywood!




Culpo a mi mama.


Fue ella quien, tiempos de tierna edad mía, me compró la trilogía del Mal de Lara Ríos: Pantalones Cortos y Largos, y el intermedio Verano de Colores. Bastó adentrarme en la vida y desgracias de Arturo Pol para que yo no dejara de leer en toda mi vida.

Efecto dominó. A los quince años comencé a creerme escritor. Y desde entonces, vicio chupasangre, no pude -no quise- soltar la pluma. Es mi catarsis, mi ambición, mi musa. Usted bautícela.

Ese amor, esa pasión que desarrollé hacia la palabra escrita, marcó (y lo sigue haciendo) el rumbo de mi vida. Mis planes futuros, mis gustos e intereses actuales, todo se ha visto embadurnado de ese irrenunciable sueño de escribir para ganarme el pan. Porque me llena, y me hace sentir completo.

De todo lo anterior, han derivado los documentos de mi puño y letra que abarrotan mi disco curo, mi gasto endeudante en libros nuevos, éste blog y el futuro planeado para él. Y fue gracias a la blogósfera (bloguesfera, en palabras del bueno de Asterión), que topé con este texto, de mi amigo Varo.

Hablar de arte, en cualquiera de sus ramificaciones, es cosa de pocos y locos en este bello país que nos tocó. En una tierra cuyas tardes de domingo se consumen entre el resumen deportivo y el resultado de la lotería, las muestras artísticas caen a un quinto plano (la billetera, el guaro y la Extra las opacan también) y se convierten, para quienes nos vemos irremediablemente atraídos a ellas, en un sueño frustrado para algunos, en amargura latente para otros.

Huérfano de público, ignorado en gran medida por los grandes medios comunicativos del país, uno no puede evitar preguntarse: ¿para qué? Porque si hay una gran verdad en las plataformas nacionales de música, literatura, fotografía, etc., es que su crecimiento no merma; por el contrario, florece en flujo constante. Raro, ah.

Llega este fenómeno a tal punto, que en no pocas ocasiones me he preguntado si no habrá más exponentes que público. Lo peor, bien puede ser cierto.

Creo que la explicación más pura y honesta a la pregunta inicial de Para qué, es contestada por un pensamiento tan romántico, que resulta difícil de aceptar como cierto: Yo sólo quiero seguir mis sueños.

Apague y vámonos, no hay más que agregar. El artista es un soñador, y las ilusiones no conocen de fronteras; es un ciudadano del mundo, no de un país. La diminuta patria se olvida, cuando se busca, por todo medio posible, la plena satisfacción.

Las limitaciones que la vida nos impone al no dejarnos ser gringos (dele paz al hígado, cuidado se lo toma en serio) se diluyen ante la iniciativa de hacer lo que se quiere hacer. Al carajo los contactos, la experiencia, los medios. Menester es, exclusivamente, el cumplimiento de una meta, por fantasía de opio que ella sea.

Además, agregue a la salsa ese gran aliado, que los dinosaurios insisten en llamar el futuro, lentos para percatarse que es, más bien, el presente. La interné nos da la libertad para experimentar, sin pagar un cinco. De hacernos de un público, aunque escaso, fiel. Nos brinda seguridad, y nos permite ampliar y madurar la visión de lo que queremos hacer.

Yo me voy en la pelota, claro. Mis sueños se extienden a planos que me son desconocidos aún, pero que sin duda ansío enfrentar. Este blog, humilde como lo es, es sólo el primer eslabón de una cadena que, espero, me permitirá cumplir sueños y metas, sean de opio o no.

Todo lo anterior, palabras más, palabras menos, es simplemente una larga y adornada manera de decir: el que quiere, puede. Las excusas no valen, cuando de alcanzar realización plena y cumplir sueños se trata.

¿Y qué si nuestro medio es pequeñito? El mundo es muy grande. Las oportunidades se hacen, no se esperan. Lo vital, la chispa, es el ahinco y la voluntad propia; las trabas poco importan. Y si usted quiere ser baterista, Varo, hágalo posible; y que nadie le diga qué puede o no hacer. Y si usted quiere ser periodista y escritor, Danny... Ya se sabe por dónde va la cosa. Después de todo, la cancha la marcamos nosotros. Y si se resbala, se sacude el polvo y va de nuevo. La vida es nuestro Hollywood.

A leer -ergo, escribir- me enseñó mi mamá. ¿Cómo no le voy a hacer caso?

© danny

1 comentario:

  1. Cuando dijiste trilogía del mal pensé que ibas a criticar esos libros, jeje. Bueno, yo había empezado con otros pantalones cortos, los de Tom Swayer, y apenas llegué a esos otros pantalones cortos. Quizá ya la edad no me permitía ni los colores ni los largos.

    Una salvedad: en este contexto, y aplicado al caso del escritor, pues sí, es cuestión de empeño, de ponerle. Ahora, que eso permita que uno se gane la vida, es otro asunto. Y en sentido amplio, incluso político, debo decir que me rijo más bien por "quere no es poder".

    Finalmente, en cuanto a la idea de "por qué", quizá menos romántico, más irónico incluso, yo diría que uno escribe porque sí, porque le da la gana. Escribir es llevar a cabo el mayor acto de libertad, y por eso justamente no requiere justificaciones.

    Saludos y adelante en esta "empresa literaria"

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